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¿Panettone en Febrero? Si estás en Milán ¡por supuesto que sí!

Una más de las curiosidades de esta metrópolis, que, a la hora de exhibir antiguas tradiciones, no nos decepciona. Y así, el Panettone que no se abrió en Navidad, se disfruta en febrero, con un explícita excusa. Una costumbre de raíces bien lejanas, que involucra un Santo, un milagro, un cura goloso, y una ama de casa un poco olvidadiza.

Siempre contamos que la gastronomía italiana homenajea cada fiesta con algo típico. Y en la mayoría de los casos, eso que es característico consumir en una fecha dada, difícilmente se lo encuentre en otros momentos. Y el Panettone, no es una excepción. A diferencia de Argentina, donde el Pan Dulce llega a las góndolas en noviembre y, si nos descuidamos, lo sacan para reemplazarlo por la Rosca de Pascuas, en Italia el Panettone aparece a fin de noviembre, pero a más tardar a inicios de enero, se liquida lo que haya quedado (casi nada), para dar espacio a los tradicionales dulces del Carnaval.


Sin embargo, si el 3 de febrero estás por Milán (o alrededores), y entrás en un Bar o Pasticceria, es muy posible que te ofrezcan una feta del especial dulce navideño milanés, el Panettone. No, no te están tomando el pelo, ni se están aprovechando de vos para eliminar del depósito los que no se consumieron en Navidad. Al contrario, te están haciendo partícipe de una tradición muy milanesa, que inicia con San Biagio, un médico y obispo armeno que vivió entre el siglo III y el IV. La Iglesia lo declara protector de la garganta, reconociéndole el milagro de haber curado a un joven que estaba ahogándose por una espina de pescado trabada en su garganta, dándole un pedazo de miga de pan. Su festividad se conmemora el 3 de febrero.

Pero esta es sólo la parte de la historia que explica la fecha; hay otra que nos detalla de dónde viene la costumbre de consumir el Panettone ese día, que es mucho más moderna y está ligada a otra leyenda. Cuentan que poco antes de Navidad, una mujer se acerca a una iglesia con el Panettone que había preparado para su familia, para que se lo bendigan. Allí la recibe un monje de nombre Desiderio, quien, explicando que en ese momento estaba “muy ocupado”, acuerda con la mujer que le deje el Panettone para bendecirlo apenas le fuera posible, y ella lo pase a retirar en otro momento. Pero es pasada la Navidad cuando el prelado se da cuenta de haberse olvidado completamente del dulce. Y como la mujer no se había presentado a reclamarlo, piensa que también ella lo olvidó. A este punto, el monje decide comérselo para no tirarlo. Pero el 3 de febrero, la mujer se presenta al frate reclamando su Panettone bendecido. Cuando éste va a recuperar el recipiente que lo contenía para entregarlo a su dueña con una disculpa, se encuentra con un Panettone cuyo tamaño era el doble del original: un milagro atribuido a San Biagio, protector de la gola cuya festividad se conmemoraba ese día.


Así, cada 3 de febrero, los milaneses comen una feta del Panettone que sobrevivió a las fiestas (y no importa si está duro, al contrario: hay quien dice que es mejor), si es posible ingiriéndolo como primer alimento del día e invocando la protección del Santo contra las enfermedades de la estación invernal, recitando “San Bias el benediss la gola e él nas”, o sea: San Biagio, bendice la garganta y la nariz.

Y a testimoniar la histórica unión entre los milaneses y este Santo, una estatua suya yace en una de las grullas del Duomo de Milán, en la fachada principal, al lado de San Juan Bautista.


Entre las fotos que te compartimos están las de la tradicional pasticceria Cova del centro de Milan dónde degustamos en estos días una riquísima feta de Pan Dulce y una imagen de la vidriera navideña de Hermes en el cuadrilátero de la moda.

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