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Las fiestas “alla italiana”. O a la argentina, en Italia.

Actualizado: 3 ene 2022

PARTE II : El pesebre y los regalos

Con el pinito y el calendario del adviento armados, estamos listos para la siguiente etapa de preparativos para las fiestas navideñas, descubriendo similitudes y diferencias, entre Argentina e Italia. Esta vez, te cuento historia y curiosidades del símbolo “por excelencia” asociado al verdadero sentido de la Navidad: el pesebre. Y de otra costumbre, mucho más profana pero no menos importante: los regalos. A concentrarse, que el tiempo es poco, y las actividades muchas.

El pesebre

Si hay algo que simboliza la Navidad (palabra que deriva de “nacimiento”) es el pesebre: la representación del nacimiento de Jesús. Y de todas las tradiciones navideñas, ésta es sin duda la más sacra.


Una historia con sello 100% italiano

La usanza de armar un pesebre en las casas durante el periodo natalicio se remonta al medioevo, y originalmente, era una práctica sólo italiana. Gran parte de la historia de este símbolo natalicio transcurre en estas tierras. La representación pictórica más antigua de la Virgen con el Niño Jesús se encuentra en las “Catacumbas de Priscilla”, en la Via Salaria en Roma. Y se considera que el primer pesebre escultórico, es el realizado por Arnolfo di Cambio, ubicado en la Basilica di Santa Maria Maggiore en Roma. Pintores italianos famosísimos nos han dejado en herencia muchas obras dedicadas al pesebre, algunas de ellas tan conocidas como sus autores: Giotto, y la Capella degli Scrovegni en Padova, o Botticelli y su Adorazione dei Magi, por mencionar sólo algunos. Con el tiempo, a la representación pictórica de la Navidad, le siguió la tridimensional, o sea el pesebre de nuestros días. Uno de los primeros en escenificar la Navidad tal como la conocemos actualmente, fue San Francisco de Asís, quien no incluyó los personajes, pero replicó los escenarios naturales de Belén (luego de su viaje a Palestina), en una ciudad italiana que a su entender le asemejaba: Greccio. A partir de entonces, la práctica de armar el pesebre, especialmente en las iglesias, se fue difundiendo en toda Italia.

Fue en el ‘700 que toman impulso las grandes tradiciones “pesebristas” de Nápoles, Génova y Boloña (y no sólo) y el pesebre “entra” en las casas. En el siglo XVII, en Nápoles por ejemplo, se desató una verdadera competición entre familias, para elegir quien tenía el mejor pesebre. Los nobles lo armaban dedicándole toda una habitación, y decorando las estatuas ¡con las telas más preciadas y las alhajas de mayor valor! En ese mismo siglo, pero en Boloña, dio inicio la realización de la “Feria de Santa Lucía”: una feria de estatuitas de pesebre producidas por artesanos locales, que se repite cada año ¡hasta hoy en día!

Actualmente, el pesebre es parte de la cultura de todos los países católicos, y Argentina no es una excepción.

Escenografía, personajes y tradiciones

La realización del pesebre se inspira fundamentalmente en los 180 versos del Evangelio de Mateo y Lucas, llamados “de la infancia”, que hablan del nacimiento de Jesús en los tiempos del Rey Herodes, en Belén de Judea, o Betlemme di Giudea en italiano, aunque muchos elementos derivan de los Evangelios apócrifos.

Mientras viví en Argentina, el pesebre fue siempre esa escena cuyos personajes eran: Jesús, sus padres, y algunos pastores y animales; las versiones más “completas”, incluían a los Reyes Magos y sus camellos. Cuando era muy pequeña, las estatuitas eran de yeso pintado; con el tiempo, fueron reemplazadas por materiales más modernos y livianos, pero los personajes no cambiaron. En las iglesias, el pesebre era parecido al de mi casa, la mayoría de las veces con figuras de dimensión mucho más grande, y en ocasiones incluía la ambientación de un pequeño establo o una gruta. En algunos lugares (como el pueblo donde crecí, en Patagonia) se realizaba el “pesebre viviente”: representación en vivo con verdaderos actores, cosa que siempre consideré “un lujo” (mi amiga Estela fue la mejor “María” que recuerde). Pues bien, cuando llegué a Italia, una vez más, todas mis creencias y apreciaciones fueron objeto de reevaluación. Es que, si entran en una iglesia italiana en época natalicia, es muy probable que se encuentren con verdaderas escenografías representando en mínimo detalle no sólo el pequeño espacio en el que se alojaron María, José y Jesús, sino todo el pueblo de Belén, sus habitantes y actividades. Así, podrán observar al herrero, con el fogón encendido realizado con una luz roja parpadeante; o el carpintero, cuyo brazo incluye un artilugio mecánico por el cual lo vemos moverlo para cortar, con hacha en mano, un pedazo de leña; o el antiguo molino, que gira cargando agua y distribuyéndola en pequeños baldes. Sólo por mencionar algunos de los infinitos detalles. Se imaginarán que no es raro ver grupos grandes de personas que en las iglesias “pierdan” un buen tiempo admirando los pesebres. Cuando mis hijas eran chicas, era todo un programa visitar las parroquias para verlos (y en Italia ¡hay muchísimas!), ¡y una lucha, después, para hacerlas dejar la iglesia!

Aunque la usanza del pesebre está muy difundida en toda Italia, cada zona geográfica tiene sus propias “variantes”; se diferencian, básicamente, por los materiales utilizados y por la ambientación, inspirada en los paisajes locales. Les hablaré de las tres (para mí) más representativas:


El pesebre napolitano, es sin dudas el que, a los ojos argentinos, resulta “más raro” (ya verán por qué). Difundidísimo en toda Italia del sur, se caracteriza por la cantidad de figuras que incluye, la ambientación urbana, la reproducción de escenas muy elaboradas y ¡por su espectacularidad! Las estatuillas son de terracota. La Via San Gregorio Armeno de Nápoles es una calle repleta de comercios de artesanos del pesebre, mundialmente famosa como “la calle de los pesebres” o “calle de los pastores”. Estos laboratorios realizan durante todo el año estatuillas, ya sean tradicionales u “originales”: es que cada año, los artesanos más excéntricos proponen estatuas cuyas facciones asemejan a personajes famosos de la actualidad, que durante ese año se han destacado gracias a algún gesto público (negativo o positivo). Así, imagínense mi sorpresa cuando en un pesebre encontré ¡a Maradona! Y no sólo: el ex premier Berlusconi, Donald Trump, el pluri campeón de moto GP Valentino Rossi, Raffaella Carrà (“la” Raffaella nazionale), el príncipe William, su esposa Kate y La Reina Isabel, Lady Gaga, o George Clooney, sólo por nombrar algunos de los “invitados” al pesebre. Y si de argentinos hablamos, Diego no es el único (aunque seguramente el de presencia “fija” en todo pesebre de Nápoles y alrededores): Messi, Dybala, Icardi, Hyguain, Belén Rodriguez (show girl argentina famosísima en estos pagos) y el Papa Francisco, por supuesto, son parte de la lista.

Los personajes tradicionales presentes en el pesebre napolitano son muchos, y a cada uno se le asocia una simbología especial. Por dar algunos ejemplos: los “vendedores” generalmente son 12, y representan cada uno un mes del año; o el "pescador", que representa a San Pedro, o Benino, el pastorcito que duerme beato, y se cree, da origen al pesebre, soñandolo.


El pesebre genovés es otro de los pesebres de antiquísima y consolidada tradición. Tanto es así que en el ‘700 dio origen a una verdadera escuela de pesebres, caracterizada por lo particular y valioso de los materiales usados (desde la madera a la cerámica, pasando por el papel con el que reproducen los más mínimos detalles de los personajes).


El pesebre boloñes, que se remonta al siglo XIII, se diferencia de las otras tradiciones pesebristas italianas porque los personajes son enteramente esculpidos o modelados, incluidas sus vestimentas. Para realizar las estatuillas, los artesanos utilizan cartapesta, terracota, madera, yeso, principalmente. En la Basilica di Santo Stefano, en Boloña, se encuentra el pesebre más antiguo del mundo.

Entre los personajes típicos encontramos la “Maravilla” (una figura femenina que agita los brazos como señal de sorpresa), el “Dormilón” (una figura que duerme en un ángulo apartado, y que corresponde al Benino napolitano), y de reciente aparición, la “Curiosidad”.


La cultura del pesebre es tan fuerte en Italia que en 1953 nace la “Asociación Italiana Amigos del Pesebre”. Cuenta con afiliados en toda la península, organiza y promociona actividades relacionadas con el pesebre (muestras, cursos de “pesebrismo”, etc), tiene un sitio internet, una revista de publicación trimestral, y un museo: el Museo del Pesebre “A. Stefanucci” de Roma. Allí, se pueden admirar más de 1000 pesebres de gran valor artístico, histórico y/o cultural.

Por último, te cuento cuales son los lugares donde admirar algunos de los pesebres más originales (y espectaculares) que se pueden visitar en estas tierras:

  • Osanna, “el borgo de los 1000 pesebres” en Trentino: muestra de más de 900 pesebres realizados por artesanos del lugar.

  • El pesebre mecánico de Torino: del inicio del ‘900 y compuesto por más de 300 estatuillas, muchas de ellas mecánicas.

  • El pesebre luminoso de Manarola en “Cinque Terre”: instalación de 4000 metros entre colinas empinadas, 8 km de cables eléctricos, 17000 lamparitas, más de 300 figuras de tamaño natural, con material reciclado y paneles fotovoltaico.

  • El pesebre flotante de Cesenático, sobre el Mar Adriático: en Porto Canale, con los personajes sobre antiguas barcas del Museo de la Marinería.

  • El pesebre de arena de Rimini: realizado con toneladas de arena y agua, y modelado por escultores locales, es posible caminar entre los personajes del pesebre, como si se paseara por un verdadero pueblo.

  • El pesebre sumergido de Conca dei Marini, Grotta dello Smeraldo: el primer pesebre bajo agua realizado en Italia, en un pueblito de 600 ánimas en la provincia de Salerno, es patrimonio de la Unesco desde 1964.


Regalos

Para todos los gustos, ocasiones y presupuestos. Aquí, como en Argentina, no hay reglas. En algunas familias el de Navidad es “EL” regalo del año. Sí, pues il Natale es la ocasión que se espera para hacer un regalo más importante o deseado. En muchos casos, el intercambio no se limita a los familiares, sino también a amigos, compañeros de trabajo y personas con las que tenemos contacto habitual. Por ejemplo, es común en muchos colegios primarios, hacer algún regalo a las maestras en ocasión de estas fiestas. ¡Ah! Y en general, Babbo Natale también pasa por la escuela, y deja algún presente a “la clase” (para usar durante los recreos: rompecabezas, juegos de mesas, etc.).

Uno de los obsequios que se suelen hacer, incluso entre amigos, son canastas con productos comestibles (algunas enormes). Así, se las encuentran conteniendo los tradicionales dulces de navidad (turrones, chocolates, etc.), o también alimentos “especiales” en general: arroz de cosecha particular o zona de cultivo TOP, lentejas de alta gama, dulces y mermeladas especiadas para acompañar los quesos, fiambres de altísima calidad, quesos de alguna región particular o producido artesanalmente, chocolates, vinos, aceto balsamico cuyo precio al litro no tiene nada que envidiarle al de un buen vino, sólo por nombrar algunos. Pronto te daremos más detalles de las delicias que se consumen en las fiestas.

No puedo dejar de mencionar un tema que resulta particularmente “espinoso” para los argentinos, que estamos acostumbrados a inventar las excusas más ridículas para hacer salir de casa a los niños, y así acomodar los regalos en el pinito para que, a su regreso… ¡oh, sorpresa! ¡Pasó Papá Noel! “Vamos afuera a tomar aire, que hace mucho calor”; “En la otra esquina los fuegos artificiales se ven mejor”; “A caminar un poco, que hay que bajar lo que comimos”. Pues bien, nada de eso es necesario en Italia: aquí, los regalos se abren ¡el 25 a la mañana! Es cierto, mucho más práctico y menos estresante. Pero ¡cuántas anécdotas se pierden gracias a eso! Una de las últimas Nochebuena en Argentina con mis niñas aún pequeñas, en un paseo por el barrio buscando “el mejor punto donde observar los fuegos artificiales”, vimos de lejos un Papá Noel que salía de una casa. Al instante, todos los pequeños volvieron corriendo al grito de “¡Ya pasó Papá Noel!”, casi atropellando a mi hermano que un segundo antes había acomodado los últimos regalos, salvando la Navidad por un pelo.

Mi confusión es clarísima: ¿Papá Noel o San Nicola, Saint Nicholas (en los países de lengua inglesa), Sinterklaas (en Holanda) y su derivado Santa Claus (en Bélgica, Polonia, Luxemburgo y Francia, entre otros)? ¿O Gesú Bambino y Santa Lucia?

En Argentina, los regalos de Navidad los traía Papá Noel. Y punto. Pero mis convicciones otra vez tambalearon no bien pisé suelo italiano, en una charla con mis suegros: es que a ellos los regalos se los hacía (y en general para muchos italianos, aún hoy los hace) Gesù bambino (el Niño Jesús). Así descubrí que esta usanza la comparten también algunas familias argentinas. ¿De dónde viene esta creencia? De una figura alemana, el Christkind (literalmente Cristo niño). Parecería ser que este personaje proviene de una leyenda nacida en Alsacia, y habla de un pequeño que entrega regalos de parte del Niño Jesús. Generalmente representado por un nene de cabellos rubios y alas de ángel, reparte los regalos la noche de la vigilia (el 24) mientras la familia está reunida en la cena. Esta tradición se difundió en Alemania con Martin Lutero. Hasta su llegada, en el Medioevo, los niños alemanes recibían los regalos el día de San Nicola (6 de diciembre). Con Lutero, los protestantes se negaron a venerar los santos católicos, pero no quisieron renunciar a hacer obsequios a los más chicos. Así, Lutero impuso el día de Navidad para la entrega de regalos y sustituyó a San Nicola con Christkind. Durante el siglo XIX, esta usanza viene adoptada en muchas regiones católicas cercanas a Alemania, entre ellas Italia.

Como podrán observar, esta costumbre choca con el protagonista más famoso del período natalicio (sobre todo, comercialmente hablando): Papá Noel, o Babbo Natale. Es que su figura, inspirada en San Nicola (el santo protector de la ciudad de Bari), es “nueva” en las celebraciones navideñas: es a mitad de 1800 que Papá Noel, tal como lo conocemos hoy, aparece en escena. Hasta entonces, las tradiciones europeas se remontaban a San Nicola, un obispo cristiano del siglo IV, que se dice haya resucitado tres niños que un carnicero malvado habría asesinado, con el objeto de venderlos. Por ello, entre otras leyendas, se lo considera un santo protector y benefactor, especialmente de los más chicos. Las celebraciones y representaciones varían, en algunos casos más y en otros menos, en las distintas regiones de Europa, pero todas se asocian a la figura de este Santo. Fue en 1823, que el escritor Clement Clarke Moore, de New York, en una de sus poesías, dibuja el Santo como un “elfo” regordete, con barba blanca, y cuya vestimenta, roja, tenía los bordes de piel blanca, dando así un contributo esencial a la transformación de San Nicola en Papá Noel. Posteriormente, en 1862, en la revista “Harper’s Weekly” Babbo Natale aparece ilustrado con traje rojo, barba blanca y botas negras.

Desde entonces Papá Noel recorre todo el mundo la noche del 24. Y en Argentina , como en el resto del hemisferio sur, ni siquiera nos hemos molestado en adaptar su vestimenta a nuestro tórrido clima navideño.

Los renos, en cambio, son heredados de la tradición escandinava de Santa Claus: son criaturas sagradas para la Dea Madre de esa cultura, donde estos animales son una especie de guía de los difuntos, y cumplen roles “nocturnos”. Por ello se los asocia a Santa Claus que llega de noche trayendo los regalos.

En algunas regiones de Italia hay una tercera versión asociada a la entrega de los obsequios: los reparte Santa Lucía el 13 de diciembre, día en que se la conmemora y que, antiguamente, los paganos celebraban el solsticio de invierno (día más corto del año, previo a la llegada del calendario gregoriano). Esto explica por qué es conocida como “la Santa de la luz”.

Muchas ciudades compiten con sus historias sobre el origen de esta tradición. En Verona, por ejemplo, cuentan que durante el siglo XIII se difundió en la ciudad una epidemia que afectaba los ojos, especialmente de los niños. La población decidió pedirle la gracia a la Santa realizando una peregrinación a pies descalzos y sin abrigo, durante el duro frío de diciembre, hasta la iglesia de Sant'Agnese. Los pequeños, obviamente, no querían participar de la procesión a causa del clima. Entonces sus padres, para convencerlos, les aseguraron que, si participaban de la peregrinación, a su regreso, Santa Lucia les habría dejado muchos regalos. Con este “truco”, los niños aceptaron, y la epidemia terminó al instante.

Para cumplir su cometido, Santa Lucia no vuela con un trineo tirado por renos, sino que pasea durante la noche por las calles de la ciudad, montada sobre un burrito, después de haberse asegurado que los niños se hayan portado bien durante el año.

Ante tanta proliferación de “carteros”, yo zanjé la cuestión, con mis hijas, de esta manera: los regalos los hace Gesù Bambino, pero los entrega Babbo Natale. De Santa Lucia nunca se enteraron, por suerte, pues ya demasiados problemas tenemos con los Reyes Magos.


Nota: algunas de las fotos de este post son capturas de internet.

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